
Se llamaba Rayo
«Rayo llegó a casa cuando nuestro hijo era pequeño y se fue cuando ya era casi un hombre. Catorce años. El nombre salió de una película de coches. Era el perro listo y obediente que yo siempre había querido, y Diana lo consiguió.
Los últimos meses fueron duros: perdió movilidad e iba con un carrito. El último día empezó a respirar mal y cayó en el salón. Lo acomodé en el coche para que Diana pudiera ir a su lado hasta el veterinario. Llegó vivo. Ella pudo acompañarlo hasta el final, y eso es lo que de verdad importaba.
No os voy a decir que un seguro arregla eso, porque no es verdad. Lo que sí hace es que, cuando llega el día malo, la única decisión que tengas que tomar sea cuidarle. De eso va esta página.»
Hoy en casa está Trueno, su nieto. Porque el trueno siempre viene después del rayo.






